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	<title>edición.org &#187; Edición de Libros gratis</title>
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	<description>Libros, literatura, impresión bajo demanda, publica tu libro.</description>
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		<title>Don Felipe de la Mancha -Quijote del Siglo XX-</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2008 10:05:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luciabubok</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Don Felipe de la Mancha -Quijote del Siglo XX-]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Tomás Ortuño]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Felipe de la Mancha -Quijote del Siglo XX- es uno de los libros de Francisco Tomás Ortuño.
La sinopsis del libro es la siguiente:
ÍNDICE.- Comprende DIEZ GRANDES VIAJES CON OCHENTA Y NUEVE CAPÍTULOS. ARGUMENTO: Se narra un viaje imaginario de don Felipe González –a la sazón Presidente del Gobierno de España y de la Comunidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.bubok.com/libros/758/Don-Felipe-de-la-Mancha-Quijote-del-Siglo-XX"><strong>Don Felipe de la Mancha -Quijote del Siglo XX-</strong></a> es uno de los libros de <a href="http://quijotesylibros.bubok.com/">Francisco Tomás Ortuño</a>.</p>
<p>La <em>sinopsis del libro</em> es la siguiente:</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: justify;"><span>ÍNDICE.- Comprende DIEZ GRANDES VIAJES CON OCHENTA Y NUEVE CAPÍTULOS. ARGUMENTO: Se narra un viaje imaginario de don Felipe González –a la sazón Presidente del Gobierno de España y de la Comunidad Europea-, acompañado de su buen amigo don Javier Solana – Ministro de Exteriores y después Secretario General de la OTAN -, por más de VEINTICINCO PAÍSES DE LOS CINCO CONTINENTES, con las aventuras más disparatadas y graciosas, y la esperanza de gobernar el mundo, él solo, sin guerras ni fronteras, como una gran familia. &#8220;Las guerras son obsoletas, Javier, de otro tiempo: Las guerras son el fracaso del género humano&#8221;. Y en otro lugar: &#8220;¿No ves el cielo?: las estrellas en su sitio, sujetas a una ley universal; si una sola fuera por libre, el universo se destruiría. ¿Qué ocurre con nuestro cuerpo?: hay orden porque cada parte mira por las demás. ¿Va a ser distinto nuestro planeta?&#8221; PROLOGO -¿Cuándo me dejarás que lea tu libro, abuelo? -Cuando seas mayor. -Tu sabes que la historia me apasiona. -Mi abuelo, un día, me lo dio a mí para que lo guardara; yo haré lo mismo contigo en su momento. -¿Y cuándo será ese momento, abuelo? -Más adelante; pero te contaré algo de su contenido, escucha: Hace unos cien años, a finales del siglo veinte, hubo en España un Presidente de Gobierno que soñaba con ser el Presidente del planeta. Se llamaba don Felipe González Márquez. -¿Y qué tenía de particular, abuelito? -Entonces no era como ahora, ¿sabes?: cada nación vivía encerrada en sus fronteras y gobernada sin contar con las demás naciones, las cuales se enfrentaban unas a otras por un trozo de tierra; había pueblos que pasaban hambre, mientras que otros, más poderosos, tiraban la comida. Era la Prehistoria de la Historia. -¿Y qué hizo don Felipe González, abuelo? -Pensó en la locura de ir cada uno por su lado. En este libro se cuenta la transición de aquella forma de gobernar a la de hoy. Aunque te parezca imposible, vivieron así muchos años, y costó lo suyo para alcanzar el monogobierno terrestre que tenemos nosotros. Es un libro interesante; como un tesoro me lo entregó mi abuelo. -¿Y quién escribió este libro? -Alguien que vivió en aquellas fechas, llamado Francisco Tomás Ortuño, y que tuvo la feliz idea de reflejar cuanto sucedía, pensando que lo que contaba podía ser luego, como lo fue, un documento de inestimable valor. -Déjame ya el libro, abuelo: lo conservaré como oro en paño. PRIMERA PARTE PRIMER VIAJE: FRANCIA &#8211; LIBANO &#8211; PAKISTAN CAPITULO 1 (1-9-95) DON FELIPE DE LA MANCHA En un lugar de su mente, halló don Felipe un día un mundo extraño y maravilloso que, sin saber cómo, había forjado su imaginación. Y sintiéndose bien allí, desde entonces vivió más tiempo dentro que fuera de él. Concibió pronto la peregrina idea de recorrer el mundo y conocer por sí, de primera mano, sus desigualdades, para corregirlas después cuando gobernara, él solo, las naciones todas de la Tierra. Con tales pensamientos, se llamó a sí mismo don Felipe de la Mancha, en recuerdo de don Quijote, paradigma de caballeros andantes, por quien sentía especial admiración. Felipe González nació en Sevilla, en 1942, y trabajó muy pronto en la Hermandad Obrera de Acción Católica -HOAC-; pero tuvo que ser, mejor, tras ingresar en las Juventudes Socialistas, en 1962, cuando sintió por primera vez la llamada imperiosa de ayudar a los obreros. En 1964 fue miembro activo del PSOE, y en 1970 entró a formar parte de su Comisión Ejecutiva. En 1974 fue elegido primer Secretario General, reelegido en 1979 y Diputado por Madrid. -¿Te acuerdas, Carmen -le decía a su señora-, de cuando éramos como el común de los mortales?; ¡quién te iba a decir entonces, &#8220;chiquiya&#8221;, que ibas a ser la primera dama entre las mujeres! ¿Cómo nos conocimos? -Cierto, Felipe -le respondía ella-, ¿cómo podíamos ni sospechar que llegarías tan alto? Nos conocimos en una fiesta; yo descubrí en el brillo de tus ojos y en la fuerza de tus palabras, que estabas destinado a gobernar. -¿Cómo era el brillo de mis ojos?, ¿cómo eran mis palabras? -Eran fuego, Felipe; tanto el brillo de tus ojos como tus palabras eran fuego; yo sucumbí a su encanto, y ya no pude separarme de tu lado; fuiste un imán, un potente imán para mi pobre personilla. -¡Cómo te envidiarán hoy todas las mujeres! -Sin duda, Felipe, pero no está bien que tu lo digas. -¿Por qué?, ¿acáso no querrían ellas ocupar tu puesto?, ¿ser la señora del Presidente de la Comunidad europea? -Que otros lo piensen, bueno; pero que tu lo digas no está bien -le reprochaba doña Carmen. -Siempre fuiste modesta. -Y tu vanidosillo, Felipe; ya siendo adolescente, porque te conocí siendo eso, un adolescente, lo advertí: &#8220;Es orgulloso y tenaz, puede llegar muy alto, como las águilas; puede alcanzar la gloria si se lo propone&#8221;. Y así ha sido: Has alcanzado la gloria, Felipe. -Sigue, Carmencita, que tus palabras son dulces como la miel, suaves como la música: nada me relaja tanto como escucharte, sigue, por favor. -Si, Felipe, en la vida todos sueñan como tu entonces, pero pocos logran alcanzar sus sueños. Solo los elegidos. -Dices bien, pocos hemos llegado a ser emperadores; porque yo me cuento entre los pocos emperadores que en el mundo han sido. Con los dedos de una mano, Carmen, con los dedos de una mano; y yo uno de ellos. Hoy, ¿quién más que yo?: Presidente de España y de Europa por decir algo; pero, ¿qué soy en Africa, en Asia y en América?: su protector, su guía; si vieras cómo me reciben, Carmen, por donde voy, con el himno nacional y las fuerzas en posición de firme. -Baja, baja, Felipe, que esas alturas dan vértigo, y las caídas pueden ser peligrosas. La suerte te ha sonreído y eso es todo. -La suerte, la suerte; no te digo lo que pienso, pero no hay quien me lo quite de la cabeza. -¿Qué piensas, Felipe?, tu esposa debe saberlo. -Curiosilla. -Dime, marido mío. -¿Cuántos caudillos ha habido en la historia de todos los tiempos?, dime, ¿cuántos?, haz memoria. -Hijo, no sé, así a botepronto me lo pones difícil, pero los hubo y los habrá -respondía ella divertida. -Muy pocos, Carmen, muy pocos, haz memoria: Alejandro Magno en el siglo IV antes de Cristo, rey de Macedonia, que venció a los persas, conquistó Jerusalén y entró en Egipto, donde recibió el título reservado a los faraones; Julio César, siglo I, que tras vencer a los pompeyanos, fue soberano absoluto; ¿quién más? -Descansa, Felipe, que estás excitado; ¿a qué vienen ahora las vidas de esos personajes que ya nadie recuerda? -Por ellos, mujer, por ellos el mundo que tenemos es como es. ¿Tu crees que sin estos caudillos todo sería lo mismo? No: han sido destinados a marcar el rumbo de la historia. ¿Y Carlomagno?, ¿qué me dices de Carlomagno, emperador coronado por el Papa?, ¿no fue providencial Carlomagno? Pocos más, querida, pocos más. Napoleón en Francia. Y ahora yo. -Hay muchos más, querido. -Muy pocos, Carmencilla, y yo uno de ellos. -¡Felipe! -Si, te lo digo como lo siento, me veo en la lista de esos pocos héroes. -¡Felipe!, ¿te encuentras bien? -Me estoy convirtiendo en Dios. -¿Qué dices? -No te asustes, querida, que eso ya lo dijo Vespasiano, emperador que inició las obras del Coliseo de Roma.</span></p>
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